La vida de recién casada

06/07/2014 5:01 pm
Photo by: Paul & Joseph Photography

Foto: Paul & Joseph Photography

“Y… ¿qué tal la vida de recién casada?” es la pregunta obligada que te hacen hasta en el elevador.

“Pues, bien. Padrísimo. Diferente… No entiendo por qué dicen que el primer año es el más difícil”. 

 

Desde que empezamos a ser novios tuvimos claro que no íbamos a vivir juntos y cumplimos la promesa hasta 2 meses antes de la boda. No fue por mocha ni darnos golpes de pecho, de veras que no, hicimos varios viajes juntos y nos invitábamos los fines. Pero yo sabía que en mi caso no iba a funcionar dar un paso tan importante pensando que era “una prueba”. Además de que tenía muy claro que con él me quería casar, y mentirme a mi misma que estaba bien dar el paso a medias y que el compromiso no era tan importante, era algo que sólo me iba a doler un poquito más cada día.

Mientras más se acercaba la fecha de la boda más me entraba el nervio de vivir juntos. Por todas partes escuchaba de amigas que peleaban sin control por la toalla mojada, la ropa en el piso o el vaso mal lavado. Y yo nunca había vivido con nadie. Prácticamente crecí como hija única y llevaba los últimos 5 años viviendo sola. No estaba acostumbrada a compartir cuarto ni la última apretada de la pasta de dientes.

Estaba padrísimo invitarlo los fines, pero… ¿cederle el 50% de mi clóset?

El novio esposo también estaba nervioso. Posiblemente hasta más que yo. Él llevaba doce años viviendo solo y sin nadie que le cambiara el azúcar por Stevia o lo enchilara toda las noches a punta de comida Mexicana. Ni hablar de compartir el espacio con una perrita que se cree humano y estaba acostumbrada a dormir en la cama.

Pero todo ha sido una continuación de la luna de miel. Seguimos abriendo botellas de vino en domingo y despertar al otro con cosquillas nunca deja de ser divertido. Se burla de que sabe hacer la cama mejor que yo y yo lo molesto porque piensa que todo va a la tintorería. Le agradezco a mi suegra todos los días haber criado a un niñito tan ‘juicioso’ y ordenado – y que viva Colombia por no tener hombres machos.

Y sí, cambiaron nuestras rutinas; no es fácil despertarse a correr temprano cuando tus brazos no lo quieren dejar de abrazar. Y sí, Dominga se acostumbró a dormir en el piso, ceder no es tan malo cuando para el otro es importante. La temperatura del aire acondicionado todavía nos tiene peleando a diario, pero la emoción que se siente al salir de trabajar y saber que ya lo vas a ver hace que todo todo todo valga la pena.

El esposo hace caldo de mariscos y Dominga yoga.

El esposo hace caldo de mariscos y Dominga yoga.

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