¿ES DIFÍCIL CASARSE CON ALGUIEN DE OTRO PAÍS?

09/08/2014 10:07 pm

“¿Es difícil casarse con alguien de otro país?” me preguntó una de mis primitas. 

 “Pues, no me parece. Yo pienso que es lo mismo. O incluso hasta más fácil. Tal vez lo único difícil sea no saber si algún día vas a regresar.”

Pao y Andres

Cuando era chiquita escogía a las amigas que tenían el mismo color favorito que yo. Pero con el paso del tiempo me cayeron bien las niñas que pensaban completamente distinto a mi pues era de quien más aprendía.

Lo más real (y lo más cursi) que puedo decir de ser una pareja bicultural es que es (literalmente) la unión de dos mundos. Dos culturas. Dos maneras de pensar. Y, por qué no, hasta dos formas de hablar.

No, Andrés no es ruso ni austriaco, es de Colombia. Pero, chistosamente, nuestras diferencias más evidentes son en la comunicación.

Con él he aprendido que los mexicanos somos (un poquito) evasivos. Nos gusta usar diminutivos para que las cosas suenen más bonitas y a todo decimos que sí, que “ahorita”, aunque en realidad no tengamos ni la más mínima intención de hacerlo.

Los colombianos, en cambio, son muy directos y frontales; a veces duros y sin rodeos.

Así que cuando Andrés me decía: “llámale a tal” – “apaga eso” – “no quiero ir” …¡UY! Me sonaba duro. Sentía que estaba enojado. O me enojaba yo porque él estuviera tan mandoncito.

Por ahí de la 8va vez aprendí que no era que lo hiciera por molestarme ni andar de ‘gobernante’ (como un día lo apodé) sino que simplemente así se comunica.

Él, por su parte, va poco a poco aprendiendo a leer entre líneas y cuando escucha que digo: “¿Mopri, será que esa caja se ve mejor en ese otro mueble de allá? ¿Estará difícil de mover?” me pregunta “¿Me estás pidiendo que la mueva?”…

Y nos reímos.

Hace 3 años y medio me invitó por primera vez a ‘comer’ y cuando por ahí de las 6pm no había aparecido (y yo estaba emputadamente plantada) me enteré que para él ‘comer’ significa ‘cenar’.

Hace un par de semanas teníamos desayuno en la casa, y le pedí que fuera al Café Unido de en frente por pan dulce. “¿Qué es eso?” – “¿Cómo que que es eso, Mopri… PAN DULCE.” Me volteaba a ver, impaciente. “No, no te entiendo, muñeca. ¿Qué es para ti pan dulce?” Yo respiraba profundo. “Pues pan dulce, mopri, lo que es para todo el mundo: orejitas, conchas, chocolatines, garibaldis”…

Resultó ser que no me estaba molestando… En Colombia no existe el pan dulce.

Y es cuando escucho los casos de otras parejas que veo que las diferencias culturales están presentes incluso en personas que han crecido en el mismo país. Pero, por alguna razón, el sentir que crecieron en el mismo lugar los hace pensar que deberían de pensar/reaccionar igual; culpándole a la personalidad las diferencias.

Así que creo que, en una gran parte, ha sido gracias a esos malentendidos de comunicación que nuestra relación bicultural ha sido tan fácil. Estamos tan atentos a que hay diferencias, algunas más grandes que otras, que esto nos obliga a hablar y entender que pensamos distinto, y que probablemente nos toque llegar a un acuerdo o inventar un nuevo modo.

O eso intento pensar cada que, esperándolo para salir de la oficina, le pregunto: “¿Cómo vas?” y me responde “Bien, ¿y tú?”…

 

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